Por: Aldo André Sucre.
Nos falta un poco más de sinceridad.
Sin sentirme portador de la verdad absoluta, cosa que caracteriza a muchos escritores y quienes se hacen llamar gurús en la materia, propongo analizar, de la manera más simplista posible, los problemas derivados del vivir y convivir en bienes inmuebles incorporados al régimen de propiedad horizontal.
Más allá de mi fascinación natural por la escritura y de la oportunidad que he tenido al trabajar, en conjunto, con algunos administradores de edificios, quisiera dejar claro que no soy escritor, pero siendo sincero, considero que no se necesita ser muy inteligente para arribar a la siguiente conclusión, el problema de los edificios está en su gente.
¿Y cuál es el problema?
Si bien la ley 284 de 14 de febrero de 2022 que regula la propiedad horizontal, en adelante la ley, no es perfecta, no podemos perder de vista que los verdaderos problemas que hemos encontrado en esta pasan por el factor humano, puesto que como, dice mi madre: como materia prima estamos defectuosos.
La era del internet 2.0 pone a un clic de distancia una cantidad inconmensurable de información que, en caso de no ser revisada, analizada y contrastada con la realidad de manera responsable, genera múltiples inconvenientes y retos que irrumpen como ladrón por la noche en la utópica sana convivencia a la aspiramos llegar al mudarnos a los nuevos gigantes de concreto construidos a lo largo y ancho del distrito capital con la ilusión de tener un hogar armónico.
Buscan, escriben y leen documentación relacionada con el régimen de propiedad horizontal, pero el problema radica en que, muchas veces es empleada a beneficio personal, a través de interpretaciones cómodas que son compradas por más de uno y terminan dotando de un carácter mesiánico a algunos demonios quienes posteriormente terminan siendo miembros de las juntas directivas usando y abusando al P.H. y a algunos incautos. Es entonces que priva el bien individual sobre el colectivo y solo nos damos cuenta cuando estamos al borde del abismo.
Lo que verdaderamente importa.
Con el paso del tiempo han surgido nuevas situaciones que ponen entredicho la sana convivencia entre copropietarios y residentes y, es allí, en donde algunos tienden a aprovecharse esparciendo el caos ya sea en la administración de los edificios, grupos de WhatsApp de copropietarios y en las asambleas, las cuales se convierten en verdaderos campos de batalla, claro está, entre los pocos asistentes, quienes terminan haciendo mucho ruido y pocas nueces, tal y como sucede en muchos partidos fútbol, según algunos narradores y comentaristas.
Al no tener claras nuestras prioridades de la vida en copropiedad, empezamos a devanarnos los sesos con pequeños detalles que tienen poca incidencia en el norte que debiésemos tener los copropietarios: “preservar la inversión realizada al adquirir la unidad que forma parte de un todo llamado P.H.”
Es entonces que quienes cuentan con más tiempo libre se quejan por una carretilla de supermercado mal puesta; por el vecino que sacó basura más perfumada que de costumbre; por aquella persona tuvo que bajar a su mascota por un ascensor distinto al de carga, en atención a que el dispuesto para ello estaba en medio de una mudanza o mantenimiento; por mencionar algunos, dejando de lado por ejemplo: el alto consumo de energía eléctrica que tiene el P.H.; el abusador que lava y seca toallas de salas de belleza y negocios asociados a costilla del “gas común del P.H.”; aquel que usa el tomacorriente de las áreas comunes para cargar dispositivos personales y otros tantos juega vivo que viven entre nosotros.
¿Qué hacer?
Recomendaría, responsablemente, lo siguiente:
- Superar el ostracismo que surge del pensar “si mi apartamento está bonito, las áreas comunes se pueden caer a pedazos.” Recordemos que “todos somos uno y uno somos todos.”
- Involucrarnos y trabajar en equipo. En los edificios contamos con multiplicidad de profesionales que, en atención a sus respectivas formaciones, podrían poner un poco y solo un poco de aquello que saben y hacen, a disposición de la comunidad, todo esto con el afán de crear un mejor lugar para todos.
- Recordar que el interés común priva sobre el interés individual.
- Tener presente que, como dice mi padre, “la mejor pelea es la que se evita.”
- Olvidar que somos portadores de la verdad absoluta, siempre habrá algo nuevo que aprender.
- Aprender a escuchar, a veces y solo a veces, así aprendemos mucho más.
- Reconocer que estamos al servicio del P.H., solo así, podremos verdaderamente disfrutar de sus amenidades y del placer derivado de una sana vida en copropiedad.
- Hacer el bien sin mirar a quien, da un poco más de valor a lo que hacemos.
Tengamos presente, como bien dijo Benito Juárez: “el respeto al derecho ajeno es la paz.”
